miércoles, 3 de julio de 2019

¿cómo llegaron a convertirse en necesarias y fundamentales las vacunas para nuestra salud?

¿Qué son las vacunas?

La primera vacuna del mundo fue descubierta por el Dr. Edward Jenner en 1796 y se hizo a partir del virus de la viruela que padecían las vacas. Este virus fue inyectado en un niño y a este proceso, Jenner lo llamó “vacunación”, palabra que proviene de vacca, que en latín significa “vaca”.


Las vacunas son sustancias que están compuestas por un microorganismo entero, una parte de él o un producto modificado de ese microorganismo que permite inducir una respuesta en quien lo recibe, que simula la enfermedad natural pero con poco o ningún riesgo. Este procedimiento se denomina “inmunización activa” porque el sistema inmunológico o de defensa de cada persona debe trabajar reconociendo esa vacuna, que tiene la misma forma que el microorganismo original pero no produce la enfermedad o lo hace en forma más atenuada. Existe otra forma de inmunidad que se denomina inmunización pasiva, por la cual la persona recibe las defensas ya elaboradas; por ejemplo, defensas de la madre al hijo o administración de sueros o “gammaglobulinas” ante situaciones especiales. Es importante destacar que, al aplicarse una vacuna, esta puede causar dolor, enrojecimiento e inflamación en el lugar de la inyección. En general, estos efectos desaparecen paulatinamente lo cual no conlleva un impedimento para asistir a la escuela. En un grupo pequeño de personas se puede presentar algún registro de fiebre y decaimiento durante un par de días. Si surge alguna duda con respecto a estas reacciones, es recomendable consultar a un profesional de la salud. Si bien algunas veces las vacunas pueden tener efectos secundarios, estos suelen ser leves y es muy raro que provoquen reacciones graves; en cambio, es mucho mayor el riesgo de contraer una enfermedad por no haberse vacunado.

Beneficios de la vacunación 

El beneficio más importante es, por supuesto, la protección contra la enfermedad. Pero hay mucho más que eso. En realidad, existen diferentes tipos de beneficios en la vacunación (personales, para la comunidad y para las futuras generaciones) y existe también un objetivo final de la vacunación sistemática, que es la erradicación, eliminación y control de enfermedades inmunoprevenibles.  

Existe un pequeño porcentaje de personas que no pueden recibir algunas vacunas, porque no desarrollarían inmunidad: por ejemplo, personas con sus defensas alteradas o con su sistema inmunológico inmaduro. Para estas personas, el riesgo de infección es mayor cuanto menos están vacunados aquellos que viven a su alrededor. Existe una corriente antivacunas, basada en ciertas escuelas naturistas o en el temor a los efectos secundarios, que promueve la no vacunación de los hijos. Esta es una actitud frecuentemente basada en la falta de información adecuada: se cree erróneamente que es mejor tener la enfermedad natural que aplicarse la vacuna. Educando a la población dentro de la evidencia científica se logra minimizar estas actitudes.


Enfermedades y vacunación en Latinoamérica 

Tras la conquista de América, se propagaron enfermedades que eran originarias de los distintos continentes; por ejemplo, la viruela, proveniente de Europa. Los europeos habían desarrollado ciertas defensas contra la viruela como consecuencia de las epidemias sufridas durante los siglos anteriores. En América, en cambio, esta enfermedad no era conocida y los pueblos originarios no contaban con defensas inmunológicas, por lo que su propagación fue devastadora para la población local. En 1977, el Dr. Ciro de Quadros, creó, en la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud, el Programa Ampliado de Inmunización (PAI); de este modo, el continente americano inició un proceso progresivo en la prevención de enfermedades evitando millones de muertes y discapacidades. Esto colocó a la región como pionera en el mundo en el terreno de las inmunizaciones. Paralelamente a los desarrollos en el mundo, Argentina inició su primer Calendario de Vacunación obligatoria y gratuita con cuatro vacunas en el año 1978 cuando comenzaba el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI). Algunos hitos en la incorporación de vacunas al calendario: En 1997 se incorpora la vacuna triple viral (contra el sarampión, la rubeola y la paperas); en 1998 la vacuna conjugada Haemophilus influenzae tipo b (incluida en la cuádruple), en el 2000 la vacuna contra la hepatitis B (HB) y en el 2005 la vacuna contra la hepatitis A.

El camino de las vacunas